Como cada
noche, la veré colgar sus medias en la ventana. Volverá a hacerlo pese a las
quejas de la presidenta del edificio, que dice que así le quita plusvalía al
resto del bloque. Plusvalía, vaya cosa. Ella colgará sus medias y volverá a
ahogar su soledad en un vaso de alcohol. Se sentará en el sillón de mimbre a
ver pasar los coches por la avenida Los Carrera. En cuanto el licor haga lo
suyo, confundirá el resplandor de algún foco trasero con el paso de un cometa. Y
pedirá un deseo.
jueves, 10 de abril de 2014
sábado, 5 de abril de 2014
MAR
Nadie escapa del mar
Piensa en el espíritu de todas las personas
cuyo abrazo
fagocitó
Y luego
En el misterio de sus profundidades;
El mar fascina como la muerte
Como una madre terrible a la que
se ama y teme
Da la vida y mata por amor
La gente de mar lo sabe de sobra;
El mar es un libro cerrado
con todas las respuestas
Allá quien ofrende su vida para
leer sus páginas
Y morir, hermosamente liberto,
Con el beso de respuestas gentiles sobre
sus pupilas inertes;
El mar son todos los ojos
con que un día soñamos
Nuestra sequedad evidencia que somos
una mínima parte de sus
aguas
Anhelante de algún retorno salino;
Un día el mar nos arrastrará
al iracundo oleaje de su
delirio
Y tal vez entonces acabe por perdonar
Toda ignorancia de la especie
que nos espera en tierra firme.
(El Culo del Maestro, 2012)
EL VOLADO
Nunca supe realmente lo que
estaba sucediendo. Siempre he sido medio volado yo. No tuve idea de porqué
todos corrían en la misma dirección. Todos para arriba del Cerro Centinela. “Se
viene el mar”, me gritó una señora de edad que arrancaba en puros calcetines.
Sinceramente, no imaginé que un remezoncito pudiera provocar semejante
alboroto. Nos movimos harto, está bien, pero ¿acaso no nos pasamos la vida
moviéndonos, sacudiéndonos de un lado a otro, sin tener muy claro hacia dónde
saltaremos la siguiente vez que la propia vida nos mande a la cresta? Entonces,
¿para qué correr tanto? Yo seguí mi camino, quería tomarme una última pituca
antes de dormirme e iba a tomármela como fuera. Nada me detendría. No hice caso
de los gritos de la demás gente, y a poco de andar una bruma media rara no
dejaba ver mucho al mirar hacia la Avenida Blanco Encalada. Nada que hacerle.
Seguí bajando y me llamó la
atención que los contenedores estuvieran tan lejos de la playa. Maldije al
desubicado que se le ocurrió estacionar su barco en el servicentro. Pero lo
peor, lo realmente penoso de la situación, fue constatar que a Don Gilberto se
le quedó abierta la llave del lavamanos, y de paso, se le rebasó el wáter. Su
cantina había inundado toda la cuadra, y por lo que vi, me hice la idea de que
el agua se había llevado hasta el pipeño. Me dio una pena tal, que no pude
contener las lágrimas. De un segundo a otro me volvieron los temblores, y de
pronto, como que se me movió el piso de nuevo y me caí de rodillas. Se me vino
a la mente la visión de todo ese vino corriendo por la calle –figúrese que a
esas alturas hasta olía a pescado el vinacho-, y me dio como un arrebato de
pena que no pude contener. Arrodillado como estaba me puse a llorar a gritos,
desconsolado a más no poder.
No sé cuánto rato habré estado
llorando, pero fue ahí donde me encontraron esos periodistas con sus cámaras.
Para colmo yo me había sonado los mocos con un estropajo inmundo que encontré,
y ellos insistieron en fotografiarme así de cagado, y con esa cuestión en la
mano. A los días vine a saber que había aparecido en la portada de todos los
diarios con una bandera toda cochina, y que mi foto había dado la vuelta al
mundo. Yo, para serle franco, sigo sin entender muy bien lo que pasó. Lo único
que tuve claro entonces es que los supermercados justo empezaron a regalar
mercadería, y yo me aseguré con cuatro cajas de dos litros de tinto. Me encerré
en la casa y cuando salí Don Gilberto ya había secado la cagadita que dejó con
su wáter.
(Revista Azoteas, 2013)
RITUALES
Corresponde a una novela publicada el 2012 bajo la editorial "Al Aire Libro". Rituales narra la historia de un grupo de jóvenes en medio de una sociedad que parece despertar de su letargo. El escenario de la obra es la ciudad de Concepción post-terremoto, siendo el paisaje ruinoso y la movilización social sus principales características.
Aquí un fragmento de su Prólogo, realizado por el docente Rodrigo Alarcón Muñoz:
"Los “habitantes de Rituales” –su autor
y sus personajes- luchan íntimamente por salvaguardar todo lo que hoy está bajo
condena, seguramente de muerte: lazos, afectos, memoria, justicia, incluso la
moral. Una y otra vez esta lucha se filtra entre las letras como una
declaración de principios, como un intento de reparación de las nauseabundas
heridas del entramado en que se decanta el relato, el afuera y el adentro del
relato, ese gran drama que de tanto verlo y padecerlo, se torna un objeto más
del paisaje.
Un ritual permite liberar a los individuos, encierra un efecto catártico del cual se desprende una inmensa fuerza capaz de romper con aquello que aprisiona y atormenta. La larga travesía de los personajes de Sanzana, sus imbricaciones inesperadas y sus actos de justicia, son en todo momento parte de un ritual que renuevan cada día los habitantes de una ciudad que maldice a sus habitantes, que los enferma y conduce a la muerte, a la muerte en vida y que lo hace por todas las vías posibles, abandono, locura, traición, amor, trabajo, venganza".
Si deseas adquirir Rituales y estás en Concepción, puedes encontrarla en la librería Jota Libros, ubicada en la Diagonal Pedro Aguirre Cerda, a pasos de la Plaza Perú. Si eres de otra ciudad, no dudes en contactarnos a través de este mismo blog o al correo osanzana@gmail.com Envíos a todo el país. De todas formas, te ofrecemos la posibilidad de leer online y descargar de forma gratuita una edición digital de Rituales:
Un ritual permite liberar a los individuos, encierra un efecto catártico del cual se desprende una inmensa fuerza capaz de romper con aquello que aprisiona y atormenta. La larga travesía de los personajes de Sanzana, sus imbricaciones inesperadas y sus actos de justicia, son en todo momento parte de un ritual que renuevan cada día los habitantes de una ciudad que maldice a sus habitantes, que los enferma y conduce a la muerte, a la muerte en vida y que lo hace por todas las vías posibles, abandono, locura, traición, amor, trabajo, venganza".
Si deseas adquirir Rituales y estás en Concepción, puedes encontrarla en la librería Jota Libros, ubicada en la Diagonal Pedro Aguirre Cerda, a pasos de la Plaza Perú. Si eres de otra ciudad, no dudes en contactarnos a través de este mismo blog o al correo osanzana@gmail.com Envíos a todo el país. De todas formas, te ofrecemos la posibilidad de leer online y descargar de forma gratuita una edición digital de Rituales:
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lunes, 31 de marzo de 2014
DESTROZADO Y MALIGNO
Este librillo compila el primer año de la columna "Ciudad Brumosa", que es publicada en el Periódico Resumen de Concepción desde el 2012 hasta la fecha. Los micro-relatos están acompañados de las ilustraciones del dibujante Francisco Zambrano, Frangles.
La mayoría
de estas historias tienen su origen en las calles del Gran Concepción,
particularmente en sus periferias. Pareciera que algunos de los personajes,
desesperados, quisieran escapar del relato; otros, en cambio, encuentran algún
consuelo en la ficción que los acoge, pues saben que la realidad suele ser
mucho peor. He aquí, pues, un puñado de historias protagonizadas por aquellos
seres invisibles, con los que nos cruzamos a diario, pero cuyas andanzas y
tormentosas existencias ni siquiera alcanzamos a imaginar.
Lee y descarga Destrozado y Maligno aquí:
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CÓMO MATAR A TU JEFE
Cómo matar a tu jefe compila demenciales historias publicadas con anterioridad en la revista literaria El Culo del Maestro:
"Las
historias contenidas en Cómo matar a tu
jefe y otros relatos corresponden a una selección de cuentos publicados por
su autor en la revista El Culo del Maestro (también en el blog elculodelmaestro.blogspot.com).
Individuos
que jamás dejan de ser anónimos; recompensados o castigados, benditos o
malditos, son los que naufragan en estas páginas. Un viejo escritor encerrado en un motelucho
de Avenida Rodríguez a la espera de un milagro; un cantante de karaoke deambula
tambaleante a altas horas de la madrugada por el Paseo Barros Arana; un sujeto
despechado que de pronto se convierte en un vengador subversivo; un par de
abuelos ajustan cuentas en una sala del Hospital Higueras.
La ciudad de Concepción aparece como el gran
escenario de estas pequeñas historias que, como tantas otras, se suceden unas a
otras en un día cualquiera. Juntas, estas narraciones se postulan a algo así
como un fragmento de la historia no oficial de la urbe".
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