domingo, 4 de mayo de 2014

AVES NOCTURNAS



Había algo en el canto
De aquella última ave
Había algo que
Fascinaba
Como un cuerpo desnudo al alba
 
Pensaba entre sopores y nubosidades:
¿habrá algo más misterioso que el movimiento?
El viento pareció contestarme desde la ventana: “el silencio”.
 
Las aves se han ido.
Su canto sigue ahí.
 
Las notas con las que me conecto a su universo
Son las mismas que llenan partituras en mis pesadillas
Me arrepiento de decir adiós y sigo escuchando
“que su canto me lleve lejos”, me digo
Y vuelvo a la ventana.
 
En mi calle parece ser una madrugada feliz
Otras aves arden a lo lejos,
Un minuto antes de la salida del sol

Su canción se adueña de mí,
Me hacen participar de una insólita celebración
Cada nota me invita a recordar:

Todos fuimos libres y bellos
En la calidez de nuestra jauría

Pequeños ángeles jugando a envilecerse.

Pero los pájaros no mienten:
El cuarto se ilumina
Y no siento necesidad alguna de esconderme

Mi propia voz se ha hecho una con el canto de las aves nocturnas.

(Revista Azoteas, 2013)


sábado, 26 de abril de 2014

LA DESPEDIDA




Se la tragó el vacío, tal como lo oyen. Se fugó dejándose caer. No sé si feliz, pero como siempre, hermosa. Se despidió de mí con una seña. Yo con el corazón latiendo a mil, porque me había prometido no dejarla partir sin antes darle un beso. Ya ven cómo ocurren las cosas hoy en día. Todo es demasiado rápido. Mi maldita timidez lo hizo de nuevo. Me quedé como un imbécil mirándola mientras se iba baranda abajo, hasta que desapareció en mitad de aquel breve y vertical infinito, como suelen hacerlo los ángeles. Y sabe, yo estoy seguro de que ella lo era. Estoy seguro, además, de que no fue mi culpa, aunque ustedes me arresten diciéndome todas esas barbaridades: que la dejé lanzarse sobre los autos desde ese puente ferroviario que cruza la Avenida Paicaví, que no hice nada por detenerla, e incluso que la empujé. Pero yo únicamente dejé que se fuera, y volvería a hacerlo una y otra vez, porque cuando se despidió -aunque no lo hiciera con un beso- ella supo que descendería hasta alojarse en mi alma, y que yo estaría condenado a sufrirla por siempre.




miércoles, 16 de abril de 2014

EL DESAMOR DEBE SONAR COMO A VIOLINES




El desamor debe sonar como a violines
Me dije, antes de bajar por calle Freire
En dirección al primer bar que encontrara
El amor es hoy como el eco de un oleaje
Que no termina de desaparecer
Porque buena parte de mis alegrías
Se han quedado en la arena de esa playa
Como colillas de cigarrillo
  o envoltorios de helado;
“Cómase un mariscal, amigo mío,
Acompáñelo de una botella de pipeño.
Qué se le va a hacer pues,
Si cuando hay que olvidar, hay que olvidar”
El cantinero me comprende
Es un buen tipo, me apaña en todas
Me marcho tarde, muerto de curado
Le quedo debiendo
Pero el viento no tarda en traérmela de vuelta
Y pienso en que debería volver al puerto,
  a buscarla, pero desisto;
Cuando era chico alguien me dijo
Que usara mis derrotas para escribir poesía
Que los escritores eran todos
  unos felices amargados
Y yo lo creí entonces:
Llegué a casa a componer unos versos
Que vomité mientras
  me seguía echando tragos al cuerpo
Esta es Ella a la distancia,
  dije mirando el papel
Y de pronto ya no me sentí tan solo
Desaté la cuerda comprada tiempo atrás
En caso de alguna desilusión fatal
Para casos de emergencia
Pero éste no lo era, ¡no lo era!
Mientras toda la mierda que me atormentaba
Se quedase en aquel puñado de hojas,
Que mañana seguramente echaría al fuego,
Tras haberme esa noche salvado la vida. 

(Trayectorias, 2013) 




lunes, 14 de abril de 2014

LOS HIELOS


No existe secreto más inquietante sobre esta mesa
que el de esos hielos que esperan fusionarse con el licor
como quien abriga el extravío o la muerte como última esperanza.
Los hielos, tal como nosotros, no son ningunos sabios:
golpean los vasos con ansia fugitiva
y se entregan sin remedio a la caricia de cualquier boca
Deshaciéndose, irreductibles,
en la noche líquida que finalmente los posee.



jueves, 10 de abril de 2014

PLUSVALÍA




Como cada noche, la veré colgar sus medias en la ventana. Volverá a hacerlo pese a las quejas de la presidenta del edificio, que dice que así le quita plusvalía al resto del bloque. Plusvalía, vaya cosa. Ella colgará sus medias y volverá a ahogar su soledad en un vaso de alcohol. Se sentará en el sillón de mimbre a ver pasar los coches por la avenida Los Carrera. En cuanto el licor haga lo suyo, confundirá el resplandor de algún foco trasero con el paso de un cometa. Y pedirá un deseo.