lunes, 30 de mayo de 2016

CIUDAD FEROZ





A ver si tú adivinas dónde estuve todo ese rato. Puedo decir que desplacé entre trampas y raras latitudes que la bruma volvía aún más extrañas. Me dejé caer desde la cornisa de un alto edificio, siendo rescatado por un ejército de aves nocturnas que acudió a mi llamado. Jugué a establecer una relación entre las desapariciones y los bancos de niebla con los que cada mañana la ciudad suprime ciertos territorios a los ojos de sus habitantes. Me alcanzó una lluvia de la que no me pude defender. Me empapó hasta los huesos con sus gotas de angustia, y debo reconocer con cierta amargura que nunca había sentido tanta sed como cuando esa lluvia me mojaba, inmisericorde. En fin, terminé en el río y por poco siendo parte de su cauce, de no ser porque un sendero de tierra apareció frente a mí, devolviéndome salvadoramente a mi orilla.

(Experimento fallido, 2015)

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