lunes, 17 de octubre de 2016

LA PUERTA FALSA




De que había una puerta falsa en la picá de calle Galvarino con Heras, la había. Puedo afirmarlo pues vi escaparse por allí un par de veces a su dueño, que en los años duros fue perseguido por la policía. Lo más curioso es que años después un viejo que perteneció a la CNI comenzó a frecuentar el bar. Al parecer, se había criado en ese barrio, y después de deambular por todo Chile llevando los mil y un horrores, regresó a su lugar de infancia. Algunos abuelos que se sentaban a fumar en la Plaza Condell le hacían el quite cuando lo veían pasar.
El caso fue que esa puerta falsa también la usó un día la hija del viejo CNI. Para desgracia de su padre, la mozuela le salió punketa, y fue a parar una lluviosa noche al antro que frecuentaba su progenitor. Para serle honesto, venía raja de curá, y aparte, me atrevería a decir que despechada, porque se mandó los dos primeros pencazos como si fuera agua.
Era harto buenamoza la caura, para qué vamos a andar con cuentos, pero estaba más chiflada que el mismo diablo. No sé de dónde habrá sacado la plata, pero nos invitó a todos una ronda, a cada sorbo se quitó algo de ropa y el último brindis fue por la soledad. No se equivocó, si allá dentro no somos más que un montón de viejos culiados que nos juntamos a hacer convivir nuestros fantasmas. El caso fue que el viejo CNI venía en camino, y le puedo asegurar que ninguno de nosotros había tomado tanto como esa noche, porque ella era como un ángel allí en medio, y necesitábamos estimularnos para saber que seguíamos vivos y no era na’ un sueño.
          Borrachos como estábamos, la ayudamos a salir por la puerta falsa. Incluso le devolvimos algún dinero para que comprara pan y té. Ella se despidió de un beso en la mejilla uno por uno. Cuando llegó su padre,  claro,    nos    hicimos  los  huevones  diciendo   que   el   Viejo Charly estaba de cumpleaños, para justificar nuestras inconfesables sonrisas.

(Fábula del buen bandido, 2013)


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